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¿La venganza de Alberto Fernández será terrible?

Alberto Fernández

Alejandro Dolina es músico, escritor, conductor de radio y televisión. Estudió Derecho, Música, Letras e Historia. Principalmente conocido por su clásico programa radial La venganza será terrible. A propósito de éste último, en la apertura contiene varias definiciones, producto de su fina ironía, que pueden ser extrapoladas -con las disculpas del caso- para definir lo que está pasando con el Presidente. Dice: “Un ciclo que comenzó hace solo 35 años y ya le están pidiendo resultados”, “… meritócrata aplazado, terraplanista sin horizontes”. “Una pléyade de intelectuales, valientes en la provocación, cautos en la controversia, y fugitivos en la gresca”. “Gritando en Palermo y poniendo los huevos en La Boca”.

El refinado humor de Dolina es útil para encontrar, entre tantas vueltas de la actualidad “nacional y popular”, parecida en sus resultados al de una puerta giratoria, donde todo da vueltas a gran velocidad pero nada avanza, una explicación del camino que está recorriendo Alberto. Con sus actos se asemeja a un meritócrata aplazado y terraplanista sin horizontes. El Presidente se fue de paseo por Europa para gritar, emulando al tero, lo que piensa de Cristina (por caso la visión parcializada de las consecuencias de la pandemia, o más duro aún cuando sentenció: debo ser el presidente con menos bienes de la historia) y poner sus huevos en la Casa Rosada. Para tan solo un par de días después decir: “No estoy discutiendo con Cristina; no estoy pensando en mi reelección”. Se marea a sí mismo.

Dice y se desdice como si fuera algo natural. Tuve que recurrir a la ayuda de mi querido amigo psiquiatra quien lo definió de esta forma: “Un presidente pusilánime sometido a una relación perversa, sadomasoquista y exhibicionista”. En esta línea no es casualidad que el mismo día que se da a conocer el 6% de inflación de abril con un proyectado anual récord, el Presidente, pirueta mediante, diga que no está pensando en su reelección, intentando bajar un cambio la disputa con Cristina, avanzando un paso y retrocediendo dos. El problema es que si se baja de la reelección entrega la lapicera, y se condena al ostracismo antes de su tiempo.

Los que vinieron para ser mejores se han convertido en el peor gobierno de nuestra historia democrática. Alberto lleva a la fecha dos años, cinco meses y cinco días en el cargo (no llega a los 35 años del programa de Dolina, récord que sí supera el peronismo a cargo del Ejecutivo nacional). Ya es hora de exigirle resultados. La forma en que se negoció el acuerdo con el FMI, la procrastinación en la toma de decisiones, y, por sobre todo, la inviabilidad del modelo económico planteado por el Gobierno, han colocado a nuestra empobrecida nación al borde del abismo. Un presidente carente de credibilidad, tildado de traidor y sin poder político que lo sustente, tiene una muy difícil faena en punto a sostenerse y terminar su mandato constitucional. Máxime con Cristina y toda su feligresía abiertamente en su contra.

Cristina Kirchner y Alberto Fernández
Cristina Kirchner y Alberto Fernández

Luego de que Cristina Kirchner dejara en claro que lo eligió como candidato a presidente porque no tenía poder alguno, agregando que no puede tener una “disputa de poder” porque “no representa ninguna fuerza política”, el Presidente se tomó un avión y se fue de tour por Europa en una gira que buscó traer inversiones a un país al que todos ven como “poco serio” y “sin la seguridad jurídica necesaria para hacer inversiones de peso”, con un gobierno parcelado y sin control ni alineamiento alguno.

Alberto y Cristina ven dos realidades distintas y con futuros también diferentes. El Presidente está convencido de que va por la buena senda y la economía se recuperará, logrando controlar o morigerar la inflación. Cristina, por el contrario, piensa que vamos rumbo a una catástrofe económica que la terminará arrastrando por el lodo de la batalla electoral de 2023. A consecuencia de esto, en el Gobierno se produce ese efecto puerta giratoria que referíamos antes. Mucho movimiento y ningún avance. La parcelación de los ministerios y las empresas públicas -en una gran cantidad de casos el titular corresponde a una facción política y la segunda línea a otra- genera una parálisis que termina complicando la toma de decisiones y su posterior implementación. Esto lo sufre de manera directa Guzmán y todo el equipo económico que se alineó detrás de un presidente impotente de ordenar a todos.

Alberto, al postularse anticipadamente como candidato a Presidente de la Nación en 2023, (ahora dijo que no está pensando en eso, sino en solucionar los problemas de la gente, lo que no es lo mismo que decir que no quiere ser reelecto) no hace ni más ni menos que desafiar a su jefa, la que tuvo la “generosidad” de permitirle elegir a su gabinete económico. La venganza de Alberto a los destratos de Cristina y sus feligreses, es, precisamente su plan para jubilarla, el que anticipamos el 26 de diciembre pasado en este mismo espacio: “No lo dice ni dirá explícitamente, pero todos los actos del Presidente se encaminan en una dirección: ganar sustento propio y alejarse del poder que le permitió sentarse en el sillón de Rivadavia”. A nadie se le puede prohibir que viva sus ilusiones. La reelección luce hoy como una utopía.

Cristina Kirchner y Alberto Fernández
Cristina Kirchner y Alberto Fernández

Alberto pretende ser valiente en la provocación, cauto en la controversia, y fugitivo en la gresca. Primero grita y provoca -como en sus mejores años de implacable opositor de CFK- luego dice que lo malinterpretaron o que la prensa exagera sus dichos. Además, si bien sus lanceros económicos salieron a responderle a la Vicepresidenta, algunos con bastante dureza, el Presidente no tiene previsto, por ahora, una confrontación directa, más allá de los dardos en la cara de Cristina que significaron sus declaraciones ante la prensa internacional, reafirmando su candidatura para 2023 primero, para luego intentar dejarla de lado por el momento. No tiene en cuenta que quizás sea la propia Vicepresidenta quien sí tenga previsto ir por más. Descartarlo sería su suicidio político.

El de la “gresca” es un terreno que no lo favorece. Sabe que se diluye el escaso poder que aún le queda: la lapicera, que se ha convertido en su “espada de Excalibur”. La fortaleza de Alberto es el paso del tiempo y la desesperación de Cristina que observa cómo cada día que pasa se acerca un paso más al abismo. Critica las políticas “inconsultas” de Alberto porque desde su visión, no hacen más que castigar a sus propios votantes (los de ella), su principal preocupación por estos días. Observa, impotente, cómo Alberto erosiona “su” caudal político. Cristina está atrapada entre sus fantasmas: perder las elecciones de 2023, al mismo tiempo que el Poder Judicial, su monstruo más temido, avanza con las causas que aún tiene pendientes. La foto cortesana de Rosario fue un fuerte mensaje.

Al mismo tiempo, el formato de asedio cristinista es tan previsible como ineficaz en la actualidad. Alberto lo conoce y sabe cómo neutralizarlo. Primero CFK avisa lo que quiere que se haga, luego llegan los mensajeros privados para dejarlo aún más en claro, y posteriormente, si los resultados no aparecen con la velocidad que las circunstancias lo requieren, salen los feligreses a vociferar a fin de que tome estado público; finalmente aparece la caballería, altos dirigentes de La Cámpora, para dar la estocada final. El método solía darle resultado. El problema que tiene Cristina hoy es que le temen menos, porque el poder que tuvo se le está diluyendo. Perdió 5,2 millones de votos en 2021, más el control de las cámaras legislativas. Cristina transita -como todos los que llegaron a la cima- su largo camino del adiós. Va a dar batalla hasta las últimas consecuencias, de eso no hay duda.

A partir de junio todo puede cambiar dependiendo del ritmo de una economía que languidece y no evidencia aún signos vitales claros que arrojen una luz de esperanza para que el presidente tenga algo de qué aferrarse. Su estrategia es no confrontar, mostrar gestión, y ver si aparecen resultados. Si éstos no llegan será su fin. A diferencia de Cristina, sobre la cabeza de Alberto no pesan causas judiciales que le quiten el sueño.Tenemos por delante un largo e impredecible año y medio donde cualquier cosa puede suceder.

La venganza de Alberto puede ser terrible en sus consecuencias para Cristina, quien cada día que pasa pierde un poco más de poder. La economía es su espada de Damocles y el que la sostiene es Alberto. Para él, lo peor que le puede suceder es que tenga que hacer las valijas para volver al departamento “alquilado” de Puerto Madero. Cristina lo sabe.

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