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Los espectadores toman la palabra: Mariano Pensotti y su trilogía de películas llegan al Malba

Mariano Pensotti en el Teatro San Martin (Fotos: Emmanuel Fernandez)

La última obra de teatro de Mariano Pensotti que se dio en Buenos Aires fue Arde brillante en los bosques de la noche, en 2017, en el Teatro Sarmiento. Tiene la estructura de una muñeca rusa (y es un homenaje a los 100 años de la Revolución rusa), es decir, hay una ficción adentro de otra. Unas marionetas van al teatro y, en la obra de teatro, la protagonista va a ver una película. Los actores de la obra y de la película son los mismos actores que los marionetistas. Después, la mamushka se cierra: la película (que, en verdad es un corto) termina, volvemos a la obra de teatro, y la protagonista está completamente conmovida por la película que vio; finalmente, concluye la obra de teatro y la escena vuelve a las marionetas que habían ido a ver una obra.

Las películas El Público / The Audience / Le Public, que se exhibirán por primera vez como trilogía en MALBA cine, tienen el sello autoral de Mariano Pensotti, porque en ellas la ficción, una ficción apropiada por los espectadores, se inmiscuye en la realidad de quienes miran, al igual que en la increíble Arde brillante… La trilogía fue filmada en tres ciudades diferentes, Atenas, Buenos Aires y Bruselas, y las tres tienen la misma trama: un público llega al teatro a ver una obra, de la que no vemos ni sabemos nada. Luego, vemos un fragmento de la vida de algunos de los espectadores un día después. En cada uno de esos cortos, de alguna u otra manera, les haya gustado o no, la obra los afectó, y lo que une a estos espectadores es en que durante alguna conversación narran un aspecto de la obra que vieron la noche anterior.

En la versión argentina actúan Pilar Gamboa, Susana Pampín, Juan Minujín, Lorena Vega, Agustina Muñoz y Luis Ziembrowski, entre otros. Así, al mismo tiempo que los relatos fragmentarios, personales y oblicuos de los distintos personajes arman la obra de teatro que ellos vieron y nosotros no, vemos sus historias, las de esos espectadores que Mariano Pensotti volvió protagonistas. Un dibujante de cómics, una espía de un dirigente trotskista, un repartidor de delivery y una inmigrante que conversa con su compañera sobre Trouffaut mientras limpia una habitación de hotel son algunos de los personajes que se representan.

MALBA presenta tres funciones consecutivas durante los próximos tres domingos de mayo. Esta producción del Grupo Marea, el colectivo artístico que conforma Mariano Pensotti junto con Mariana Tirantte, Diego Vainer y Florencia Wasser hace 7 años, contó con la colaboración cinematográfica de Soledad Rodríguez y Agustín Gagliardi. Es una oportunidad única, además, para ver esta obra en un solo día, como si más que una trilogía fuera una sola película con dos intervalos.

"El público" de Mariano Pensotti
“El público” de Mariano Pensotti

Otra novedad es que en marzo de 2023 se podrá ver en Buenos Aires su último trabajo como dramaturgo. Los años estrenó el año pasado en Berlín, y es la historia de un personaje en dos momentos de su vida, a la vez que una hipótesis de cómo se recordará nuestro presente. En la obra, el escenario está dividido en dos y, simultáneamente, la acción se desarrolla cuando el protagonista tiene 30 años y cuando tiene 60. Mientras que la historia del más joven sucede durante el 2020, la del más viejo es en el futuro, durante 2050. Será su primer estreno teatral en Buenos Aires en 6 años. A continuación, los secretos de las tres ciudades en las que filmó Mariano Pensotti y reveló a Infobae cultura, y sus ideas sobre los temas principales que atraviesan las tres películas.

—Los tres públicos son, quizás con más salvedades en la película de Buenos Aires, bastante uniformes: casi todos son de clase media-alta, formados, del mundo de la cultura.

—Sí. Creo que es lo que uno tiende a pensar cuando se imagina el público de un teatro. Que es más bien de clase media, con algún vínculo con el teatro, tendemos a pensar que es un público bastante endogámico. Pero, en realidad, también el público es mucho más diverso que el que uno supone. Cuando personas que no conozco me cuentan que fueron a ver mis obras de teatro veo que el espectro es mucho mayor que el que uno presupone. Entonces, para este proyecto quise sacar el foco del escenario y ponerlo en la platea, y explorar qué pasaba cuando, por una vez, los protagonistas son los espectadores. Desde el principio sabíamos, con el Grupo Marea, que no nos interesaba hacer un documental ni una investigación sociológica. Investigamos bastante, pero la realidad es que, salvo algunos estudios puntuales, no hay ningún estudio demasiado sistematizado en relación al público. Lo único que se sabe es cuántas personas fueron por año a un teatro. No se registra ni el género, ni si son del conurbano o de la capital, ni su franja etaria, ni su formación. Obviamente, tampoco se estudia cómo afecta el teatro la vida de los espectadores. A lo sumo, a través de los posteos podemos saber si la obra les pareció una basura (risas), pero siempre es muy limitado. Aunque la idea siempre fue construir ficción, es decir, imaginar historias posibles, esperaba encontrarme con un campo mucho más estudiado.

—Los personajes son un público bastante ideal, ¿no? Un público afectado por la obra y, al menos durante los pocos minutos que vemos de las vidas de esos personajes, piensan su realidad a través de la obra.

—Sí, en la realidad seguramente habría una gran cantidad de público que permanecería mucho más indiferente. A mí me interesaban esas dos capas: cada espectador como un cortometraje en sí mismo con una historia propia, y, a la vez, ese rompecabezas que permite reconstruir la obra de teatro que ellos vieron y que el espectador (de las películas) no vio. Son tres películas, pero filmadas alrededor de una obra de teatro que no vemos, y que solo conocemos a través de los relatos de los espectadores.

"The Audience" de Mariano Pensotti
“The Audience” de Mariano Pensotti

—No solamente se cruzan la realidad y la ficción en las tres obras de teatro. Además, aparece este cruce realidad-ficción en las historias personales de los espectadores, en los cortos. ¿Cuánto hay de ficción y cuánto de realidad hay?

—Hay mucho de realidad que se entromete en la ficción. Las tres películas, además de ser la historia de los espectadores y la historia de una obra de teatro, son la historia de una zona de cada ciudad. En Buenos Aires, todas las escenas suceden entre el Obelisco, el Congreso y Callao, un triángulo para mí místico. En Atenas, las acciones son en Exarcheia, un barrio muy particular, muy politizado y con algunas similitudes con Buenos Aires. Históricamente era y sigue siendo el barrio anarquista, lleno de refugiados. Siempre me interesó trabajar en el borde entre realidad y ficción, y profundizar en cómo se transforman mutuamente. Todos estamos creados por ficciones, creo que eso está bastante presente en todos los cortos porque, de alguna forma, el público va a ver una ficción y crea una nueva ficción al narrársela a alguien. Eso se parece a cómo creamos una ficción de nosotros mismos cuando narramos nuestras vidas. Además, el medio cinematográfico tiene un código más realista que el teatro, y quería tomar esa ventaja. Las tres historias de las obras de teatro están basadas en hechos reales. Rozalia existió. Fue parte de la resistencia contra los nazis y se disfrazaba de mendiga. Eso fue lo único que pudimos rastrear. Theodora Kapralou me ayudó muchísimo con la investigación. Todo lo demás es ficcional. En el caso de Bruselas, la historia de los mineros que se quedan encerrados en la mina y luego actúan en una obra sobre sí mismos es inventada, pero la historia de Place des Martyrs, que cuenta que hay una fosa común debajo de esa plaza, es real. En Place des Martyrs, al lado del Théâtre des Martyrs, hay una fosa común de los que murieron en la revolución de 1830. Esa revolución empezó cuando un público salió de ver una ópera nacionalista. Ese público salió encolerizado y en ese momento comenzó la revolución. ¡Y esa revolución provocó la Bélgica que conocemos hoy! Para ellos es lo que para nosotros es la Revolución de Mayo. Al día de hoy, el público que sale de ese teatro camina sobre un público revolucionario. La historia me la contó el portero del teatro, y luego la confirmé con un montón de personas.

—Es decir que, mientras hacías una película sobre unos espectadores que se hacen protagonistas, te enteraste de un público que tomó protagonismo para hacer una revolución.

—¡Claro! Y eso está muy presente en la versión de Buenos Aires. Si bien la historia del imitador de De la Rúa fue inventada, todos sabemos que hubo varios imitadores de él, y uno en particular. En la versión de Buenos Aires [El público] me interesaba hablar sobre el 2001 porque, forzando un poco una interpretación histórica, fue un momento de nuestra historia reciente en que los espectadores dejan su lugar pasivo de tolerar hambre, injusticias, de situaciones humillantes, para tomar las calles y pasar a ser protagonistas y, en algún sentido, a escribir ellos y ellas mismas la historia.

"Le Public" de Mariano Pensotti
“Le Public” de Mariano Pensotti

—¿Qué criterios usaste al elegir los barrios en cada ciudad?

—El barrio Exarcheia en Atenas surgió porque muchos cines al aire libre están en ese barrio, y es un barrio muy alucinante. Todas las semanas hay enfrentamientos entre grupos de izquierda y la policía, con bombas molotov. Cuando fuimos a filmar, había un gobierno muy de izquierda en ese momento, el de Tsipras, y había mucho descontento social. Había una situación, en algunos sentidos, bastante parecidas al 2001 en Argentina. Exarcheia era el epicentro de esta manifestación. Mientras filmábamos, había casas tomadas por los anarquistas, marchas, muchos policías en la calle, bombas de estruendo. Además, es el barrio de las universidades. Tiene mucha carga ficcional. Tiene la misma carga ficcional que el Abasto, o la zona de la Avenida Corrientes-Congreso. La casa de Federico León, Zelaya, es la locación más lejana al centro que usamos, además de la Costanera para una escena del corto de Pilar Gamboa. Más allá de lo político y lo social, el centro de Buenos Aires tiene un imaginario cultural y literario que excede lo político. Las librerías, los teatros, los cafés, las películas que se estrenaron en esa zona. El obelisco remite, para mi generación, a la intervención de La Negra, hay un homenaje en el primer corto [El público]. Son las ficciones que los habitantes construyeron en esas ciudades. En Bruselas, en realidad ya habíamos elegido la zona de Place des Martyrs y luego nos enteramos de la historia. Bruselas es una ciudad muy vibrante culturalmente, es, actualmente, creo, la ciudad europea en la que más cosas pasan en varios niveles. Es una ciudad rara, en el buen sentido. No tienen política de conservación patrimonial. Hay un adjetivo que se llama “bruselización” que se refiere a no cuidar el patrimonio histórico. Eso a mí me encanta, que no esté el peso de la Historia aplastando el presente. La zona de Place des Martyrs es como un pueblito abandonado donde antes había muchos teatros, a la vez que es zona roja, es un lugar muy interesante y cargado de signos.

—Las tres películas están atravesadas por la precarización y la discriminación a los inmigrantes. Y, además, por los y las encargadas de la limpieza, los que van al teatro por la puerta de atrás.

—Sí. Me interesaba escapar de algunos clichés como el del pobre inmigrante victimizado. A los inmigrantes siempre hay que ayudarlos, tengan o no formación, pero me parecía importante mostrar que una gran mayoría tiene título universitario, como las de uno de los cortos de Atenas [The public] que están limpiando el hotel. En la película de Buenos Aires [El público], quería que terminara con las personas que limpian el teatro y que hubiera una o dos historias de esos personajes. Por un lado, porque los que limpian siempre están invisibilizados, ni siquiera son los técnicos. Y muchas veces se quedan a ver las obras y luego comentan aspectos de las obras. Eso también genera expansión de lo que uno hace, una expansión que excede al público de la clase media culta. Por otro lado, sí, aparecieron los marginados, los desclasados y los refugiados. No fue una decisión consciente.

Mariano Pensotti
Mariano Pensotti

—¿En qué medida ustedes mismos fueron migrantes, en Atenas y Bruselas?

—Ser migrante es estar ubicado en otro lugar como ciudadano. En Atenas, estaban llegado refugiados de la guerra de Siria. Bruselas históricamente recibió muchos más inmigrantes que otras ciudades de Europa. A la vez, la idea de este proyecto se basaba en abrir la sensibilidad a lo que estuviera pasando en esas tres ciudades. Es un ejercicio muy distinto al de hacer teatro. Esta trilogía está pensada hacia afuera, hacia la calle. Los guiones de El público y Le public los escribí en bares, y el guión de la versión ateniense [The public] lo escribí en una plaza en Exarcheia.

—En la obra se deslizan temas políticos lateralmente o, si es en un diálogo, puede ser entre desacuerdos o incluso el tema puede ser ignorado por un personaje. ¿Creés en el teatro político en el siglo XXI?

—Por un lado, me interesa que haya discusiones políticas dentro de las obras a través de discusiones de los personajes. No me gusta tanto que haya bajada de línea del autor o de la autora, sino que me interesa que entre los personajes se arme una discusión dialéctica. Es decir, que aparezca un personaje con una visión política muy precisa que pueda ser refutada. Me interesa que las discusiones políticas estén en el contexto de la ficción. Hacer teatro de por sí es un hecho político porque es una actividad fundada en el deseo, especialmente en el teatro independiente argentino cuya organización es bastante horizontal; y especialmente en relación con el cine, donde la figura del director o el productor en el cine es mucho más determinante. Y ni hablar de que el dinero que hace falta para hacer cine es mucho mayor y el tiempo de filmación está muy cronometrado… En una obra de teatro, el proceso de producción es muy distinto, la teatralidad del texto se encuentra colectivamente, los actores proponen mucho más. La organización del teatro es mucho más socialista que la del cine, que es más bien capitalista.

—¿Cuáles son las historias que más te gustaron?

—De El público, el que filmamos en Zelaya con Lorena Vega me gusta mucho; también el de Juan Minujín, que va a visitar a los moribundos haciéndose pasar por sus amigos; y la historia de los chinos, que es muy breve. Trabajar el tema de la comunidad china es un tema muy postergado que tengo. Me gusta también el del personaje que encuentra la chaqueta de cuando era joven [The public]. De Le public me gusta el de los adolescentes, ellos eran muy simpáticos. Me impresiona mucho el impacto que se puede tener sobre los adolescentes, que todavía son personas que se están moldeando. La actriz tenía claustrofobia, y para colmo la filmación fue en un colectivo. ¡Ella se dio cuenta de que era claustrofóbica ahí, en la filmación! Cada tanto teníamos que frenar y abrir todo.

Mariano Pensotti
Mariano Pensotti

* La trilogía “El Público / The Audience / Le Public” de Mariano Pensotti se proyecta los domingos 15, 22 y 29 de mayo a partir de las 18 horas en el Malba, Av. Figueroa Alcorta 3415, Ciudad de Buenos Aires.

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