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Uno se saca la foto con Trump, el otro con Putin

Donaldt Trump y Mauricio Macri

En mi juventud admirábamos a aquellos que entregaban su vida a la causa de los pobres. Los tiempos cambian, hoy demasiados organizan sus ideas para favorecer a los ricos, en defensa de la injusticia y de olvidos diversos.

Hubo un tiempo donde el continente se revolucionó a través de la palabra, donde nuestra América encontró en aquel llamado “boom latinoamericano” un nuevo espacio en la literatura mundial. Fueron muchos los autores que definieron el período, elijo a Gabo García Márquez, a Mario Vargas Llosa, a Carlos Fuentes y a Julio Cortázar, faltan nombres, todos sumaron nuevas formas de escritura.

Luego vendría la política, imposible dejar de lado y vemos a García Márquez que se inclina demasiado hacia Cuba, abraza a Fidel y nos mete en un brete ideológico demasiado a la izquierda de la realidad. Cuba no termina siendo una simiente sino tan solo una espina que el capitalismo irá mostrando como el rostro del fracaso.

Y Vargas Llosa, finalmente, como contracara, sólo pasea con los ricos sin patria ni bandera, dejando la idea de que el triunfador no debe ni necesita sentirse pariente del fracasado. Gabriel García Márquez había publicado su libro más exitoso en una editorial argentina luego vendida al “inversor extranjero” como se supo llamar al robo en los tiempos del saqueo. Y por estos días escuchamos a Mario Vargas Llosa quien inventó una Buenos Aires anterior al peronismo, aunque él naciera en el 36; es que el desprecio a los pueblos termina fraguando cronologías inexistentes. Me imagino a la congregación de admiradores que lo rodea también rememorando una Buenos Aires anterior al peronismo de ellos, cuando dejamos de ser una sociedad integrada.

El peronismo al que tanto denuestan nació en el 45 con el voto popular, el liberalismo que tanto admiran surge en el 76, con la dictadura de la que muchos de ellos fueron parte. Hasta ese golpe, el último, hasta los mismos dictadores habían sido patriotas, algunos más, otros menos, pero todavía no había surgido la vocación “colonial” como propuesta ideológica. La patética idea de que todo “proteccionismo” implicaba atraso y que los mercados imponían mayor importancia que los pueblos, aquella atroz sustitución de industrias propias por bancos ajenos, ese fue el colonialismo que ellos lograron instalar a sangre y fuego primero, a degradada democracia después. Ellos serían “modernizantes”, esa es la idea que intentan imponer. Los otros, la contracara, esos son “progresistas”, ambos aplican la dependencia, unos la económica y otros la cultural. El peronismo fue solo uno de los rostros del nacionalismo junto a radicales, socialistas, conservadores y liberales. Reafirmo que liberales nacionales también los hubo, claro que esos no eran de Vargas Llosa, personaje talentoso que nació peruano, pero imagina morir como ciudadano universal. A Perú le queda Cesar Vallejo, que morirá en París con aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo.

El encuentro entre gobierno y oposición, en sus honestas versiones, hubiera sido un logro. El acercamiento entre gorilas, en sus ramas macrista y menemista, solo sirve para hacer daño. El Vargas Llosa del presente les viene como anillo al dedo, está contra todos los “nacionalismos” y poco más allá, contra todo patriotismo que surja. Los ucranianos no serían de su agrado, desde ya se suma en la condena a Rusia donde estamos todos, imposible de entender el heroísmo patriótico, especie muy ajena al indolente ciudadano universal.

Resulta llamativo escuchar la condena al populismo abrazados a Trump, una concepción amplia donde ven “la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio”. Populistas y pobristas son los otros, parece cierto, acusar no lava las culpas ni olvida los fracasos. Ambos opinan parecido, dicen “delincuentes son ellos” y piensan “me guardo las virtudes para mi jardín, me las asigno solo”, como asumiendo que desde fuera no es tan fácil ver cuál es la verdad. Pareciera que Macri fracasó por el ataque populista y Cristina por los medios hegemónicos, difieren en las excusas mientras comparten el fracaso.

Cristina Kirchner y Alberto Fernández
Cristina Kirchner y Alberto Fernández

No tenemos suerte, nos tocan personajes que nacieron para ser intrascendentes. Cristina heredó el poder y los conflictos, tuvo un mal horóscopo, si Macri hubiera sido más eficiente ella pasaba a integrar un recuerdo menos traumático. Ambos son enemigos de la política, de la de verdad, de aquella donde el desafío está en seducir, en integrar, en contener al que piensa distinto. Ambos se conforman con ser jefes de secta y aun así van perdiendo fanáticos. Macri salió a acusar de populismo a Perón, sin darse cuenta que al hacerlo se produce un milagro y las hadas buenas lo convierten en enanos de jardín. Cristina se la agarra con la Corte Suprema, como si tuviera derecho y poder para hacer una Corte a la medida de sus miedos. Instaló un ministro de Justicia como si pusiera un guardaespaldas en un campeonato de ajedrez.

Surge un joven que grita “casta” y todos se dan por aludidos, para ellos la sociedad es solo una encuesta, de esas que pagan y amoldan a su deseo. Uno se saca la foto con Trump, el otro con Putin. También sucede que los chinos no dan fotos, pero se quedan con la cámara. Hacen recordar a una colonia abandonada que busca pertenecer como en la crisis del treinta, desesperados por firmar con Inglaterra, terminó en el famoso tratado Roca-Runciman.

Volviendo a las novelas, nosotros estamos inmersos en “Cien años de soledad”, tenemos “El coronel no tiene quien le escriba” y no podemos elegir el personaje central de “La fiesta del chivo”. Yo por mi edad me integro a “El amor en los tiempos del cólera”, quisiera tener la virtud de “Funes el memorioso” o siguiendo con Borges, esa lucidez que le permitió escribir “Deutsches réquiem”. Cuando en las entrevistas preguntan: ¿Un libro? Es el momento que desnuda al personaje. Perón leía las “Vidas paralelas” de Plutarco, Macri y Scioli solo podían hablar de fútbol.

Habitamos el “Cambalache” Discepoliano, es importante no olvidar a Marechal, en especial “Megafón o la guerra”, una novela que se leyó poco y necesitamos mucho, si no entendemos qué somos resulta imposible saber a dónde vamos. Y “Patria” la novela de Fernando Aramburu sobre la ETA nos vendría muy bien para aprender de la experiencia ajena, que como solía decir el General “la propia es cara y llega tarde”.

Apareció una caterva de frívolos a reírse de Perón, son esa expresión transparente de la relación que quieren desarrollar con el pueblo al que saquean. Herederos de la dictadura asesina, no tienen otro recuerdo para ensamblarse con nuestro pasado que la sangre y la fuga de capitales. Son colonos, explotan las riquezas y retornan a sus tierras. Dictadores y asesinos, esos son sus patriarcas, cómo no enamorarse de Trump, no tienen en la historia otro cabo de dónde agarrarse. La democracia siempre les resultó débil, no se escribe sobre la historia de los golpes de Estado ni tampoco se cuestiona lo suficiente a la guerrilla. Los pasados pesan, el último golpe entregó a sus uniformados pero nunca a sus ideólogos que siguen sembrando odios y miserias. Acusan al peronismo de “populismo” y al hacerlo asumen ser la dictadura. Son cosas del subconsciente, no logran acallarlo. No hay casualidades. Y este premio Nobel enamorado de las formas cuando visitó al Maestro Borges, le aconsejó mudarse a un lugar más elegante. Interrogado sobre el visitante, Borges supo responder, “estuvo un agente inmobiliario”. Algunos sabios no necesitan ser ricos, otros no llegan a sabios.

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